Sobre mi



Mi vida -como fotógrafo, por lo menos- puede ser proyectada en no más de un minuto. Recordar un minuto de un fotógrafo son muchas imágenes, registrando altos y bajos, ciclos específicamente identificados.

Comencé a fotografiar bodas hace cinco años, premeditadamente, con la inspiración de los más importantes fotógrafos de moda, con los que me formé. El hecho era que sólo cuatro cosas me interesaban, la fotografía, la moda, el amor y la luz. Luego, un día, comencé a hacer fotografía de boda, sin saber que me había encadenado, de por vida, a un amo noble pero despiadado. Cuando Dios nos ofrece un camino, al mismo tiempo nos entrega una fusta, y ésta sólo tiene por finalidad la autoflagelación.

Pero, naturalmente, yo lo sabía. En fotografía he hecho reportaje, retrato, paisaje, algunos trabajos los he visto publicados en revistas o prensa, me divertía. Dejé de divertirme cuando descubrí la diferencia entre hacer una fotografía bonita y otra que no lo era, y luego hice un descubrimiento más alarmante aún, no hay nada más inútil que hacer una fotografía bonita.

Una fotografía tiene que ser algo más, tiene que contar algo más, una historia, una verdad, esa es la diferencia sutil, pero feroz. Después de eso, cayó el látigo. Así como algunas personas practican el piano o el violín cuatro y cinco horas diarias, yo practico con la fotografía. Sin embargo, no muestro a nadie todo lo que hago. El estudio de la fotografía me mantiene totalmente ocupado, se trata de mi aprendizaje en el arte de saber mirar, de observar la luz, las diferentes composiciones, observar la mera cotidianidad, y conocer esa realidad de vértigo que crea toda imagen. En realidad, no sólo el estudio de la fotografía me ocupa todo el tiempo, son tantas las fuentes, música, literatura, pintura y el cine, ese gran arte capaz de pulir una mirada.

El 24 de marzo de 2012 hice mi primera boda, al día siguiente nació mi hijo. Fueron días llenos de emociones y compromisos. Estas dos palabras han tenido una gran importancia en mi trabajo. Una boda se resume en tres palabras, emoción, compromiso, y amor.  Una  boda me ha enseñado más que cualquier whorkshop. Emoción, compromiso y amor no solo son palabras para una pareja, el fotógrafo de bodas tiene que trabajar con esas palabras.  He aprendido a escuchar a las musas casi sin llamarlas antes. Cuando aprendí a ver la luz me di cuenta que podría haber hallado solución a lo que siempre había sido mi mayor dilema creativo.

Desde el punto de vista técnico, la mayor dificultad que tuve al fotografiar fue la confrontación. Enfrentarme a una boda como fotógrafo y desaparecer, como observador y testigo, lo aprendí en el Fex. Una beca en el Festival de Música y Danza de Granada me permitió aprender a desaparecer ante los músicos y fotografiarlos en el escenario. Yo sentía que era esencial permanecer ausente el día de la boda. La previa confianza que adquiero con los novios me ayuda a observar la boda con plena seguridad y así conseguir un marco de sinceridad y honestidad el día de la boda.

Considerablemente, mientras tanto, heme aquí, solo, sumido en mi locura, completamente solo con mi cámara y  mi fusta que Dios me dio.

Texto basado en el prefacio de “Música para camaleones” de Truman Capote.